cartel

Aureliano Beruete
 
"Aureliano de Beruete". 1902
Retrato pintado por Joaquin Sorolla.

En el último cuarto del siglo XIX en España se seguía practicando una pintura académica, de corte tradicional, en la que dominaban los temas de historia, asuntos que imponía la influyente Academia Española en Roma a sus alumnos y que se venían ejercitando con éxito por los pintores españoles. En los referidos cuadros, los paisajes serán tratados como simples fondos de escena donde situar el asunto central de la obra, cuyas luces y colores serían recibidos por el paisaje en función del carácter o dramatismo que se quisiera imputar al asunto. Puede afirmarse que en España se mantenía un ambiente artístico académico, de escasas inquietudes modernizadoras y al margen de las corrientes artísticas revolucionarias que se debatían en la vecina Francia. Tal era, en líneas generales la práctica artística común, si bien es cierto, que existía un destacado grupo de pintores que estaban al corriente de las innovaciones estéticas europeas y que tendrán en Paris su punto de referencia sobre todo a partir de la primera exposición impresionista de 1.874.

En Francia, y ya antes de 1850, los pintores mostraron un interés creciente en el estudio del paisaje como tema en sí mismo. Aquellos pintores buscaban nuevas formas de interpretar los paisajes desde el propio naturalismo, siempre al aire libre como condición esencial de esa nueva pintura y con un interés particular en captar los volubles ambientes de la luz y su directa incidencia en el tratamiento del color, no mostrándose ajenos a introducir en sus paisajes un aire de intimidad, de la grandeza próxima al panteísmo y de poética luz. Son los llamados pintores de la Escuela de Barbizón.

"Vista de la vega baja desde el Cambrón: el río y
sus riberas con la fábrica de armas al fondo", 1895

Óleo sobre lienzo. 50 x 80,5 cm.

Un pueblecito -Barbizón- situado en el bosque de Fontainebleau, en las cercanías de París, donde se alternan algunas elevaciones, magníficos y extensos conjuntos boscosos y prolongadas llanuras (“El Ángelus”, de Millet, está pintado entre el pueblo de Chailly y Barbizón), y donde se reunieron los pintores interesados en practicar ese nuevo paisaje, en torno a la figura de Theodore Rousseau. Allí acudieron, entre otros, Corot, Millet, Daubigny, Bazille e incluso Courbet, Sisley y Monet. También Leon L'hermitte, de quien el Museo Muñoz Sola posee un paisaje al pastel.

Esta nueva manera de ver y tratar el paisaje fue recogida por el pintor belga-español, Carlos de Haes (1829-1898), que desde la Cátedra de Paisaje de la Academia de San Fernando en Madrid, supo inculcar a sus alumnos la importancia de la luz y del color como elementos esenciales de la nueva pintura de paisaje.

Beruete pintado por Ramón Casas

Hijo de sus pinceles será Aureliano de Beruete y Moret (1845-1912), que junto a su también alumno Darío de Regoyos (1857-1913), serán los auténticos renovadores de la pintura española desde finales del siglo XIX. Beruete nació en Madrid; la acomodada posición de su familia le permitió viajar por toda Europa y conocer las tendencias artísticas innovadoras. En uno de sus viajes a Paris, Martín Rico le introdujo en la Escuela de Barbizón, donde practicó esa pintura al aire libre que permitía trabajar la luz de manera directa y crear sus propios paisajes. Su pincelada suelta y fluida, sus composiciones abiertas y luminosas le llevarán finalmente al Impresionismo de cuyo movimiento se considera su primer representante en España. Conceptuaba a Velázquez como el precursor del paisaje moderno, estima de modernidad que coincidía con la opinión de Manet, y como crítico de arte escribió una acabada monografía del pintor de Las Meninas que fue traducida a varios idiomas.

Esta faceta de crítico de arte y estudioso de la historia artística española, está en sintonía con el espíritu renovador que originó el nacimiento de la Institución Libre de Enseñanza, de la que Beruete fue socio fundador en 1877. Los institucionistas trataron la Historia del Arte español como una nueva y crítica forma de enfrentarse con la realidad histórica y física de España. Así, Giner de los Ríos, otro conocido institucionista, hablaba de la necesaria relación entre la Geología y la Estética y el mismo Beruete, participando en las excursiones de la Institución o impartiendo clases de dibujo en la misma, interpretaba los paisajes geológicamente mostrando un interés especial por la trascripción del suelo y su composición colorista.

El crítico W. Riter, calificaría acertadamente a Beruete como "paisajista castellano".

La imperial Toledo, inequívoco símbolo de decadencia y a la vez de esplendor, las interminables parameras, las luces cegadoras de Castilla o sus jaspeados atardeceres, serán los temas preferidos y reiterados por el pincel de Beruete. Este sentir Castilla en toda su expresividad lumínica y rebosante de hidalguía y dignidad, le lleva a coincidir en sus apreciaciones estéticas con los escritores y pensadores del 98 y en particular con Azorín el cual dedica a Beruete su obra "Castilla" en 1912, año de la muerte del pintor. Ambos comparten su atracción por el paisaje castellano, por captar el detalle sugestivo y se complacen en los "primores de lo vulgar", como decía Ortega. Y ambos sin retórica alguna se ocuparán de expresar artísticamente "la triste poesía de la polvorienta y arruinada Castilla". Esa búsqueda de lo genuinamente español, compartida por los integrantes de la Generación del 98 y que en general identificarán con Castilla, llevará a Beruete a descubrir una nueva imagen pictórica del paisaje español que será el tema principal de sus cuadros, en sintonía con las ideas regeneracionistas y noventayochistas en su búsqueda del alma, de la esencial realidad española.

"Embarcadero en Vichy", 1909
Óleo sobre tabla. 25,5 x 33,5 cm.

Cortesía Galeria Jorge Juan

El nuevo paisaje que reflejan los cuadros de Aureliano de Beruete será el resultado de la práctica de un plenairismo fresco y jugoso. Hace de la luz el elemento principal de sus paisajes, entendiendo que el sol y el aire constituían lo esencial que debía ser pintado en su tiempo, como hacían también por entonces los luministas andaluces, desterrando de la paleta los colores oscuros, los tonos grises o negruzcos para dar paso a una gama luminosa y vibrante con la que se conseguía que las sombras tuviesen luz y por ellas circulara el aire. En sus lienzos encontramos una perfecta simbiosis entre los nuevos métodos del realismo decimonónico, las vibrantes pinceladas impresionistas de raigambre francesa y la tradición realista genuinamente española que Beruete supo apreciar en Velázquez.

Si la exposición permanente del Museo Muñoz Sola, de Arte Moderno, contiene una variada muestra de lo que ha sido la modernización paulatina de la pintura con ejemplos principalmente de obras francesas, esta exposición temporal sobre Aureliano de Beruete y Moret contribuye a explicar lo que fueron los inicios verdaderamente definitivos de la modernización de la pintura española.

Manuel Motilva Albericio

Director Museo Muñoz Sola

 

 
Las imagenes de esta web tienen ( C ), no se permite ningún tipo de reproduccion sin previa autorización.




cartel

Situación:
Plaza Vieja, 2
C.P. 31.500 - Tudela ( Navarra )

T- 948 402 640
F- 948 403 055

www.museomunozsola.com
Correo Electrónico del Museo

 

Horario
De Lunes a Viernes
10:00 a 13:30 - 16:00 a 19:00


Sábados, Domingos y Festivos:
10:00 a 13:30